¿Cuál es el trabajo de un gestor cultural?

Seguro que recientemente has escuchado hablar acerca de la figura del gestor cultural. Este término se emplea cada vez con más frecuencia en nuestra sociedad, habituada al consumo de cultura y a los espectáculos. 
Especialmente a partir de la década de los años 80, se ha ido consolidando este perfil fundamental en la intermediación entre la cultura, los creadores y la sociedad. Sin embargo, debido a la amplitud del concepto, es habitual la confusión a la hora de delimitar cuáles son las labores de este profesional. Y eso es, precisamente, lo que os vamos a tratar de mostrar en este artículo. 
¿Cuál es el trabajo de un gestor cultural?
Para comenzar, podemos imaginarnos al gestor cultural como una correa de transmisión. En un extremo se encontraría una inmensa oferta artística en la que caben los creadores de todas las generaciones y toda la diversidad de propuestas. En definitiva, aquello que forma lo que consideramos cultura. Y, del otro lado de la inmensa maraña de alternativas, hay un público, general o minoritario, con cierta orientación y estructura para acercarse a la creación. Es decir, precisamos que alguien encuentre para nosotros esa aguja en el pajar
Hoy en día es fundamental, en cualquier sector, afrontar las decisiones desde una perspectiva de rentabilidad económica. En una época en la que vivimos desbordados de información y de estímulos, obtener visibilidad es ya un verdadero logro. Pero esa visibilidad debe además resultar sostenible, y en el campo de la cultura esto siempre supone un esfuerzo brutal. 
Y aquí es donde aparece el gestor cultural, encargado de combinar todos los puntos de vista. Es esta suma de funciones lo que convierte esta figura en un perfil tan versátil y multidisciplinar. Hasta no hace demasiados años, resultaba complicado gestionar espacios culturales por las numerosas ocupaciones que generaban. Lo habitual era que académicos, estudiantes, artistas o trabajadores sociales se acercasen a este campo a aportar su visión. Sin embargo, los criterios y objetivos no estaban siempre correctamente definidos.
La profesionalización de los gestores ha permitido solucionar esta problemática. Algunas de las características que reúnen estos trabajadores tienen que ver con la capacidad de organización, la constante atención a nueva tendencias y, sobre todo, un criterio, una especie de olfato, que les permite detectar los trabajos que mejor combinan calidad e interés. El resultado se materializa en una programación participativa y en un diálogo constante con la sociedad. 

El gestor cultural es el engranaje imprescindible entre los creadores, el público y las tendencias del momento. Investiga, propone, administra y decide para que el público pueda disfrutar de una experiencia agradable sobre las artes y el conocimiento. Un puente que aporta criterio, valor añadido y experiencia: por tanto, calidad y confianza. 


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