📖 Diario de creación #10: Cuando por fin se enciende la luz
Diario de creación #10: Cuando por fin se enciende la luz
El instante en que casi un año de pruebas comienza a iluminar el espectáculo
Terminábamos el Diario anterior anunciando que había llegado el momento de encender las nuevas luces y descubrir hasta dónde podían llevarnos.
Ya las hemos encendido.
Por primera vez, catorce puntos de luz han iluminado conjuntamente los tres bastidores de El Diablo Cojuelo.
Podría parecer una prueba técnica más dentro de una producción llena de mecanismos, siluetas y objetos escénicos. Para nosotros, sin embargo, ese primer encendido significó mucho más.
En unos segundos, las horas de investigación, los componentes estropeados, las pruebas que no conducían a ninguna parte y la desilusión acumulada durante casi un año parecieron esfumarse.
No porque aquel esfuerzo hubiera desaparecido, sino porque, de pronto, adquiría sentido.
Las pantallas se iluminaron, aparecieron las primeras siluetas y pudimos contemplar algo que hasta entonces solo existía en nuestra imaginación.
La luz respondía.
Y, con ella, comenzamos a ver la obra.
Casi un año buscando una luz
La posibilidad de desarrollar una nueva fuente luminosa para este espectáculo surgió hace casi un año.
No partíamos completamente de cero. El sistema es una evolución de una solución que ya habíamos creado para A la Sombrita y utilizado en El Tesoro de Barracuda. Pero El Diablo Cojuelo nos exigía avanzar un poco más.
Necesitábamos mayor definición, estabilidad y control para trabajar sobre tres bastidores de proyección y responder a la complejidad visual de esta nueva producción.
La idea parecía posible.
Convertirla en una herramienta que funcionara realmente ha sido otra historia.
Durante estos meses hemos cambiado componentes, modificado conexiones y buscado respuestas para problemas que, muchas veces, solo aparecían después de varias horas de funcionamiento. Hemos estropeado materiales y dedicado jornadas completas a caminos que finalmente tuvimos que abandonar.
Investigar implica aceptar que no todos los intentos ofrecerán el resultado esperado.
Es fácil comprenderlo cuando se explica desde fuera. Resulta mucho más difícil asumirlo mientras se acerca la fecha del estreno y cada fallo parece alejarnos del objetivo.
Hubo momentos en los que sabíamos perfectamente qué tipo de luz queríamos conseguir, pero no teníamos la seguridad de ser capaces de construirla.
Por eso aquel primer encendido no fue una simple comprobación.
Fue la confirmación de que la búsqueda había llegado a alguna parte.
Una herramienta para construir las imágenes
La nueva luz no constituye únicamente un elemento técnico del espectáculo. También va a influir profundamente en la construcción de los decorados y los títeres de sombras.
En nuestro trabajo, la fuente luminosa y la silueta no pueden diseñarse de manera independiente.
El tamaño de una figura, la cantidad de detalles interiores, el grosor de sus extremidades y la forma de articularla dependen de cómo será proyectada. Una pieza que funciona sobre la mesa puede perder fuerza al aparecer ampliada sobre la pantalla. Un calado innecesario puede debilitarla sin aportar información y una articulación demasiado fina puede comprometer su resistencia.
Necesitábamos, por tanto, disponer del sistema definitivo antes de continuar construyendo.
A partir de ahora podremos probar cada nuevo elemento en las condiciones reales del espectáculo y decidir qué debe permanecer negro, qué detalles aportan información y cuáles conviene eliminar.
La mayor definición nos permitirá trabajar con precisión, pero también hará más visibles las debilidades de cada diseño.
No será la tecnología la que determine la estética de El Diablo Cojuelo. Las imágenes seguirán naciendo del dibujo, los materiales y el trabajo artesanal. El sistema nos proporcionará una herramienta más afinada para observarlas y tomar decisiones antes de convertirlas en piezas definitivas.
La luz podrá revelar cada recorte.
La decisión sobre qué recortar continuará perteneciendo a las manos.
De la solución técnica al movimiento escénico
Haber resuelto el principal problema de iluminación no significa que el dispositivo escénico esté terminado.
Ahora tendremos que integrar el sistema dentro del espectáculo.
Las fuentes deberán responder de manera uniforme, soportar montajes, desmontajes, desplazamientos y muchas horas de funcionamiento. También tendrán que convivir con las cajas escenográficas, los títeres y todas las acciones que realizaré durante la representación.
En una producción unipersonal, cualquier solución técnica acaba convirtiéndose también en una decisión coreográfica.
No basta con conseguir una imagen limpia. Tengo que llegar hasta cada elemento, accionarlo en el momento preciso y continuar la historia sin que el mecanismo interrumpa el ritmo de la escena.
Una fuente puede producir una proyección magnífica y, sin embargo, estar mal situada si dificulta un desplazamiento o impide realizar la siguiente transición.
Hasta ahora investigábamos para comprobar si podíamos conseguir la luz que necesitábamos.
A partir de este momento tendremos que aprender a movernos y construir con ella.
Avanzar muy, muy lentamente
Mientras el sistema comienza a integrarse en el espacio, seguimos trabajando sobre los primeros trancos.
El avance es lento.
Muy lento.
Podemos dedicar horas a una acción que durará apenas unos segundos o a buscar la posición exacta de una pieza que el público quizá no llegue a percibir conscientemente.
A veces trabajamos durante días y, al observar el conjunto, comprobamos que solo hemos avanzado unos minutos del espectáculo.
Pero cada uno de esos minutos contiene muchas decisiones: interpretación, manipulación, decorado, iluminación, música, sonido, ritmo y transición hacia la escena siguiente.
Ahora estamos cerca de completar los trancos 1 y 2.
Las primeras escenas empiezan a relacionarse y ya podemos probarlas acompañadas por las músicas y los entornos sonoros que estamos creando.
Hasta hace poco, cada elemento existía por separado. Podíamos comprobar una silueta, ensayar un movimiento o escuchar una propuesta musical, pero todavía no formaban una experiencia común.
Cuando la imagen y el sonido se encuentran, todo cambia.
La música puede proporcionar ritmo a una acción que parecía lenta. Un efecto puede anunciar una transformación. Un silencio bien situado puede dar a una imagen el tiempo necesario para llegar al espectador.
También aparecen nuevos problemas.
Un movimiento que funcionaba durante una prueba aislada puede necesitar otra duración al relacionarse con la música. Una imagen aparentemente clara puede exigir una pausa antes de desaparecer. Una transición puede romper el ambiente que el sonido acaba de construir.
Todos los lenguajes empiezan a reclamar su lugar.
El espacio deja entonces de parecer solamente un taller.
Durante unos instantes, comienza a parecerse al lugar donde puede suceder la historia.
La obra empieza a tener cuerpo
Todavía queda muchísimo trabajo.
Los primeros trancos deberán repetirse, corregirse y ajustarse muchas veces. Tendremos que terminar los decorados, construir las siluetas definitivas, integrar el paisaje sonoro y conseguir que todas las acciones se sucedan con continuidad.
Continuaremos avanzando más lentamente de lo que nos gustaría.
Sin embargo, algo esencial ha cambiado.
Ya no tenemos que imaginar cómo será la luz de El Diablo Cojuelo. Podemos encenderla, situarnos ante los bastidores y construir a partir de lo que realmente vemos.
La nueva iluminación no muestra todavía un espectáculo terminado.
Muestra el lugar exacto en el que el espectáculo comienza a existir.
Durante aquel primer encendido, frente a nosotros aparecieron tres pantallas, varias siluetas y el principio de una historia.
Después de casi un año buscando esta luz, por fin podemos empezar a mirar.

Después de casi un año de investigación, la nueva iluminación empieza a dar cuerpo a las escenas de El Diablo Cojuelo.
Diario de creación de El Diablo Cojuelo – Teatro de Sombras.
En el próximo Diario de creación podremos contar qué sucede cuando los primeros trancos dejan de ser una suma de pruebas y comienzan a ensayarse como una parte continua del espectáculo.
Sigue el Diario de creación de El Diablo Cojuelo, el espectáculo con el que A la Sombrita celebra sus 25 años de trayectoria.
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