Los Titeres de Caperucita Roja - Foto en CRAI con los titeres

Foto: Gaspare Nasuto junto a José Diego y Luz durante el proceso de creación de Los Títeres de Caperucita Roja, una colaboración italo-andaluza nacida del amor al títere tradicional.

En el primer aniversario de su fallecimiento, desde A la Sombrita recordamos con cariño al maestro napolitano Gaspare Nasuto, amigo, compañero de creación y alma imprescindible de Los Títeres de Caperucita Roja.

Este 28 de mayo de 2026, se cumple un año del fallecimiento de Gaspare Nasuto, maestro titiritero napolitano, escultor, creador y uno de los grandes guardianes contemporáneos del arte de los guarattelle, la tradición popular de Pulcinella.

Para quienes no lo conocieron, Gaspare fue mucho más que un virtuoso del títere de guante. Fue un artista de trayectoria internacional, invitado a festivales, encuentros y talleres por numerosos países; un creador reconocido dentro y fuera de Italia; un pedagogo generoso desde su querida Domus di Pulcinella; y un maestro cuyo trabajo recibió más de treinta premios y reconocimientos internacionales a lo largo de su carrera. Sus títeres —sus actores de madera, como él los llamaba— están presentes en colecciones, museos y, sobre todo, en la memoria viva de quienes tuvieron la suerte de verlos respirar sobre un retablo.

Pero hoy, desde A la Sombrita, no queremos recordarlo solo desde los datos de su trayectoria, sino desde el cariño.

Desde el recuerdo de José Diego y Luz.

Desde aquellas jornadas compartidas en torno a la creación de Los Títeres de Caperucita Roja, cuando Gaspare llegó con su oficio antiguo, con sus manos sabias, con su forma directa y luminosa de entender el teatro. Aquel encuentro fue mucho más que una colaboración artística: fue una convivencia, una transmisión de oficio, una manera de mirar juntos el títere tradicional desde el respeto profundo a sus raíces y, al mismo tiempo, desde la necesidad de hacerlo vivir hoy.

Gaspare dirigió y construyó los títeres de este espectáculo. Y con ellos nos regaló una parte de su mundo: el impulso rebelde de Pulcinella, la fuerza popular del teatro de guante napolitano, la precisión del tallador, el ritmo del titiritero y esa sabiduría que no siempre se explica con palabras, porque se aprende mirando, escuchando, compartiendo mesa, ensayo, conversación y escena.

En Los Títeres de Caperucita Roja, José Diego salió de sus sombras para entrar en otro territorio: el del títere de guante tradicional. Y Gaspare estuvo ahí, acompañando ese tránsito con la exigencia de un maestro y la complicidad de un amigo. Luz, desde la producción, también vivió de cerca aquel proceso en el que cada decisión artística tenía algo de viaje: de Nápoles a Andalucía, de Pulcinella a Cristobita, del cuento clásico al retablo, de la madera tallada al cuerpo vivo del titiritero.

El pasado año, en titiriPALMA, quisimos rendirle homenaje antes de representar este espectáculo. Fue un momento profundamente emotivo. Porque no estábamos recordando a alguien ajeno, sino a una presencia que sigue formando parte de nuestra historia. Gaspare ya había estado en Palma del Río, en Écija, en nuestros festivales, en nuestros encuentros, en nuestra casa artística. Y volver a sacar sus títeres al retablo fue, quizá, la forma más honesta de decirle gracias.

Porque un títere no muere mientras sigue representándose.

Cada vez que Caperucita, el Lobo o la Abuela vuelven a escena, algo de Gaspare vuelve con ellos. Está en la talla, en el gesto, en el ritmo interno de esos personajes. Está en la nobleza de la madera, en la energía popular del retablo, en esa mezcla de humor, oficio y verdad que él defendía con tanta pasión.

Hoy, un año después, miramos algunas fotografías de aquellos encuentros y sentimos gratitud.

Gratitud por haber compartido tiempo con él.
Gratitud por haber aprendido de su mirada.
Gratitud por haber formado parte, aunque fuera durante un tramo del camino, de esa gran familia titiritera que Gaspare ayudó a ensanchar con su arte.

Sus actores de madera siguen vivos.
Y mientras sigan subiendo al retablo, Gaspare seguirá entrando en escena con ellos.

Gracias, Gaspare.
Por tu amistad, por tu oficio, por tu Pulcinella rebelde y por dejarnos entre las manos una parte de tu legado.

Desde A la Sombrita, con todo nuestro cariño.

José Diego Ramírez y Luz Riego
A la Sombrita. Teatro de pocas luces