📖 Diario de creación #15: La escena toma cuerpo
Esta semana María ha traído los elementos que estaba preparando para la escenografía de El Diablo Cojuelo: los focos, los candelabros, las cuatro cajas definitivas y los dos muebles laterales. Las cajas ya están pintadas y tienen las medidas exactas con las que vamos a trabajar.
Tenía muchas ganas de tener todo esto aquí. Llevamos tiempo avanzando con pruebas, prototipos y soluciones provisionales. Ahora puedo colocar las piezas definitivas, moverme entre ellas y comprobar cómo encajan.
Es un momento importante: elementos que llevaban semanas en conversaciones, dibujos y cálculos empiezan a ocupar su sitio en el espacio.
La escena de El Diablo Cojuelo va tomando cuerpo. Eso me permite cerrar algunas decisiones y concretar otras que necesitaban esperar. Pero también hace más evidente un desequilibrio del que quiero hablar en este diario: mientras la construcción avanza, la memorización del texto se me está quedando atrás.
Las cajas definitivas permiten concretar
En el diario anterior hablaba de cuánto cuenta cada centímetro. Esta semana hemos dado un paso importante para poder fijar esos centímetros.
Tener las cuatro cajas definitivas me permite ajustar las medidas de los pop-up, sus alturas y los ángulos concretos con los que vamos a trabajar. Ya puedo comprobar las distancias con los elementos que estarán en escena y terminar de definir las piezas que dependen de ellas.
En el teatro de sombras, esas relaciones afectan directamente a la imagen que recibe el público. La posición de una silueta respecto a la luz y a la pantalla cambia su proyección. Por eso necesito comprobar el conjunto mientras construyo.
Estoy terminando ese trabajo con los desplegables: ajustar las medidas, conseguir que cierren bien y asegurarme de que se guarden correctamente. Cada uno tiene que encontrar su sitio dentro del sistema que estamos preparando.
Durante la representación habrá que abrirlos, utilizarlos y recogerlos. Después vendrán el desmontaje, el transporte y la siguiente función. Esa vida práctica del espectáculo también se diseña ahora, mientras todavía estamos a tiempo de modificar las piezas.
Recibir los elementos definitivos permite pasar de «esto debería funcionar» a colocarlo, probarlo y descubrir qué ajuste necesita.
El suelo apareció en el mercadillo
Otra decisión importante ha sido la compra del suelo.
Llevábamos tiempo dándole vueltas. Buscábamos una superficie más oscura que las pantallas, con algo de cuerpo y una tonalidad que pudiera recordar a una madera envejecida o a un suelo de losas. Algo que ayudara a construir el entorno de la academia de Cleofás.
No acabábamos de encontrarlo. Al final, en una salida al mercadillo con Luz, apareció una tela de un rojo corintio oscuro. Tomamos la decisión y creemos que ha sido acertada.
Todavía queda trabajo para convertir esa tela en nuestro suelo escénico. Hemos pedido los antideslizantes que irán debajo y esperamos recibirlos estos días. También habrá que atrezarla, pintarla y oscurecer algunas zonas para romper la homogeneidad del tejido nuevo.
Quiero que tenga variaciones, que sugiera uso y que acompañe a los bastidores, donde estará buena parte del protagonismo visual.
Habrá que comprobar cómo responde con la iluminación y con todos los elementos colocados. El color que vemos al comprar una tela es solo el punto de partida: después entra en relación con las luces, las superficies que tiene alrededor y los cuerpos que se mueven sobre ella.
Y eso nos lleva a otra de las cuestiones que estamos estudiando: el vestuario.
Un vestuario para manipular y para ser Cleofás
El diseño del vestuario ya lo teníamos decidido. Ahora queremos integrarlo en la paleta de la escenografía y ajustar sus colores a las dos funciones que voy a asumir durante el espectáculo.
Las piezas de partida son las polainas, los pantalones, la camisa, el chalequillo y la cofia. Sobre ese diseño estamos estudiando cómo repartir los tonos y qué presencia debe tener cada parte.
Cuando esté manipulando, quiero quedar lo más integrado posible en el conjunto. Voy a trabajar a la vista, moviéndome entre las cajas, los focos y las pantallas. Habrá momentos en los que estaré agachado o inclinado sobre los elementos, dando vida a las sombras.
Mi cuerpo seguirá estando ahí, pero quiero que la atención pueda concentrarse en la imagen que estoy construyendo.
Cuando me incorpore y asuma a Cleofás con la máscara, necesitaré recoger esa mirada y tener presencia como personaje. El mismo vestuario tiene que acompañarme en ese cambio.
Por eso estamos prestando especial atención a la parte baja y a la espalda, buscando que se integren con el espacio, y al frontal, que puede ayudar a definir la figura de Cleofás cuando esté de pie. El chalequillo tiene bastante importancia en ese estudio.
Todavía estamos haciendo pruebas. Tenemos que ver cómo funcionan los colores junto al suelo y los muebles, y qué les sucede bajo la iluminación. También comprobarlos en las posiciones reales de trabajo: de pie, agachado, de espaldas o inclinado sobre una caja.
Una combinación que resulta atractiva en un dibujo tiene que funcionar después cuando el cuerpo se mueve.
Me interesa mucho ese tránsito entre manipulador y personaje. El público verá a la misma persona, pero su atención tendrá que desplazarse: unas veces hacia las sombras y otras hacia quien cuenta la historia. El vestuario, la postura y la luz nos ayudarán a construir ese recorrido.
Probar las piezas juntas
Con el suelo elegido y los elementos de María en el espacio, cada decisión empieza a relacionarse más claramente con las demás.
El vestuario se estudia junto a la escenografía. La altura de un desplegable depende de la caja que lo contiene y de cómo voy a manejarlo. La posición del foco afecta a la proyección y al espacio que necesito para moverme.
Eso explica por qué algunos asuntos han tenido que esperar. Podíamos avanzar una parte, pero para concretar la siguiente necesitábamos tener delante los elementos definitivos.
Una de las cosas que este proceso me está recordando es la importancia de probar en condiciones cada vez más cercanas a las de la representación. Colocar las piezas juntas permite descubrir relaciones que, por separado, resultan difíciles de valorar.
Ahora puedo ir cerrando cuestiones concretas. Y eso se agradece después de tantas semanas trabajando con decisiones abiertas.
La escena avanza, pero el texto se me está quedando atrás
Mientras voy resolviendo todas estas cuestiones materiales, hay una parte fundamental del trabajo que se me está quedando atrás: la memorización del texto.
Es lo que más me está costando ahora mismo. Estoy muy metido en terminar los pop-up, ajustar las cajas y resolver cómo va a funcionar cada elemento. A eso se suman las funciones y los viajes. Tengo muchas cosas abiertas en la cabeza y me cuesta concentrarme para estudiar.
Todavía no he conseguido encontrar el tiempo adecuado ni la continuidad que necesito. Voy avanzando con la fabricación entre función y función, pero con el texto no estoy avanzando como quisiera. Y eso me preocupa.
Porque en este espectáculo también tengo que ser Cleofás: asumir el personaje, contar su historia y sostener la narración mientras me ocupo de todo lo que sucede en escena. Necesito que las palabras estén aprendidas para poder trabajar después cómo decirlas, cómo moverme con ellas y cómo relacionarlas con la manipulación.
Sé que esa parte requiere tiempo y atención. Sin embargo, me está costando dárselos. Siempre hay algún asunto de la construcción reclamando que lo resuelva y termino enganchado a él.
También quiero dejar constancia de esto en el diario. Las cajas definitivas ya están aquí y puedo enseñar cómo va tomando forma la escenografía. Con la memorización, en cambio, tengo que reconocer que voy por detrás de lo que necesito.
Esta semana quiero intentar cambiar esa dinámica: organizar momentos concretos de estudio y protegerlos, aunque todavía queden cosas por fabricar. El fin de semana volvemos a salir de gira y necesito aprovechar estos días para avanzar.
Todavía no lo tengo resuelto. Es uno de los problemas que tengo ahora mismo sobre la mesa.
Empezar a escuchar la escena
Otro de los trabajos que quiero iniciar es el montaje de los efectos sonoros, el entorno sonoro y las primeras músicas que tenemos seleccionadas.
Tener aquí las cajas y los focos adecuados me permitirá probarlos en el propio espacio de trabajo. Escuchar una música mientras aparece una imagen, colocar un efecto junto a una acción y comprobar los tiempos que necesita cada movimiento.
Una transición que hemos imaginado tiene que encontrar su duración cuando las manos están ocupadas, el objeto se mueve y la imagen aparece en la pantalla. El sonido tendrá que encajar con ese trabajo y con la narración.
Quiero empezar a escuchar y mirar esas relaciones para comprobar qué funciona y qué tendremos que ajustar. Son pruebas que nos ayudarán a ir uniendo las partes del espectáculo.
Encontrar también mi sitio
Esta semana termina con las cajas definitivas en el espacio, el suelo elegido y el vestuario entrando en diálogo con los colores de la escena. Los pop-up siguen ajustándose y quiero empezar a probar las músicas y los efectos junto a las imágenes.
Son avances importantes. Al mismo tiempo, la memorización del texto sigue pendiente de encontrar una continuidad que todavía no he conseguido.
La escena está tomando cuerpo. Ahora necesito dedicarle a Cleofás el tiempo y la concentración que me está costando reservarle. La próxima vez que escriba este diario espero poder contar que también he avanzado por ahí.
¿Te ha pasado estar tan pendiente de resolver las tareas prácticas de un proyecto que vas dejando atrás la que más concentración necesita? ¿Cómo consigues hacerle sitio?
José Diego Ramírez · A la Sombrita
25 años de sombras con luz propia

Diario de creación de El Diablo Cojuelo – Teatro de Sombras
Sigue el Diario de creación de El Diablo Cojuelo, el espectáculo con el que A la Sombrita celebra sus 25 años de trayectoria.
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