📖 Diario de creación #18: Solo en el laboratorio
Diario de creación de El Diablo Cojuelo · A la Sombrita
Escribo estas líneas el domingo y las publico los miércoles. Dejo esos días para maquetar el diario y preparar y programar su publicación y difusión. Aprovecho un rato en el que Luz conduce, mientras vamos o volvemos de alguna función, para repasar la semana, ordenar lo que llevo en la cabeza y contar cómo va la creación de El Diablo Cojuelo.
Estos trayectos se han convertido en un pequeño espacio para escribir el diario. Me sirven para valorar el trabajo y ponerle palabras a lo que me está pasando.
Esta semana necesito hablar del tiempo. Y del estrés que me está causando verlo pasar.
Lo que cabe en mi calendario
Llanos vendrá a primeros de diciembre para trabajar en la puesta en escena. Para entonces tengo que tenerlo todo construido, al menos en condiciones de ensayar.
Queda más de un mes y tengo mucho avanzado. Lo sé. Pero cuando enfoco el calendario empiezo a ver los días que ocupan las funciones de noviembre, los desplazamientos y los demás compromisos.
A finales de mes estaré en el congreso de UNIMA, en Sagunto, presentando mi libro sobre inteligencia artificial y artes escénicas. Me hace ilusión compartirlo con mis compañeros titiriteros. Y esa presentación también tengo que prepararla, además de viajar y estar allí.
A la Sombrita sigue su ritmo. Luz y Fany absorben la mayor parte del trabajo de oficina, pero hay decisiones concretas que requieren mi atención.
Todo eso tiene su lugar. Y cuando cuento las jornadas que realmente puedo pasar en el laboratorio, el calendario se estrecha.
Cuando organizarme también me agobia
El fin de semana pasado hicimos un plan de tareas diarias. Necesitaba ordenar lo pendiente y repartir el trabajo.
Pero algunas tareas se han ido quedando atrás. Las veo acumularse, calculo las horas disponibles y me agobio. Ese estrés me está bloqueando: no estoy estudiando el texto ni probando la puesta en escena como necesito.
A veces tampoco estoy todo lo resolutivo que me gustaría. Me desconcentro, cometo pequeños errores y esos errores me retrasan un poco más.
Me cuesta trabajar en una pieza mientras tengo en la cabeza todo lo demás que tendría que estar haciendo. Mientras resuelvo una articulación, pienso en el texto. Mientras reparo una figura, recuerdo la escena que todavía no he probado.
Y al terminar el día me resulta demasiado fácil mirar lo que se ha quedado pendiente.
Las cosas que sí han avanzado
Al detenerme a revisar la semana, reconozco avances concretos.
Ya he construido los interiores de las casas del vuelo sobre Madrid, con sus ventanas, sus puertas y su encaje en el bastidor. He comprobado el sistema de fabricación y montaje, y esa investigación me servirá para avanzar en la Calle de los Gestos y la Casa de los Locos.
Eso significa que una parte del trabajo de estas semanas me facilitará las siguientes construcciones. Aunque todavía me queden ajustes y comprobaciones, ya tengo una manera de resolverlas.
También he avanzado en el movimiento de los personajes. He articulado el cuello del Cojuelo dentro de la redoma para que pueda salir y su mandíbula para que pueda hablar. Cleo también puede mover la mandíbula. En el Cojuelo liberado ya tengo realizadas las articulaciones y probada la varilla; ahora me toca encontrar la coreografía de su vuelo con la muleta.
También he tenido roturas, he hecho reparaciones y tengo piezas que aligerar. Con cada montaje compruebo lo que el dibujo todavía no podía asegurar: cuánto pesa una figura, cómo responde al moverla o si una puerta vuelve a cerrar bien.
Son avances que puedo tocar y poner en movimiento. Necesito detenerme para reconocerlos.

Mi trabajo unipersonal, también aquí
Trabajo solo en mi laboratorio.
Cuando pienso en un espectáculo unipersonal, suelo imaginar a la persona que aparece en escena. Pero esta semana he sentido especialmente esa otra dimensión del trabajo: decidir, construir, probar, equivocarme, buscar una solución y volver a intentarlo.
Mientras atiendo una parte de la obra, siento que las demás siguen esperando. Para todas cuento con las mismas manos y las mismas horas.
Y hay días en los que me cuesta.
Me cuesta decidir por dónde continuar, mantener la concentración o aceptar que algo que parecía resuelto necesita otra vuelta. También me cuesta dejar una pieza y ponerme a estudiar cuando siento que la construcción va atrasada.
Contarlo aquí forma parte de reconocer cómo está siendo realmente este proceso.
También preparo mi cuerpo
Y sigo entrenando.
Acabo de terminar el programa de entrenamiento y nutrición que he seguido durante doce meses. Los resultados me habrían parecido impensables en octubre del año pasado, cuando empecé.
Ahora me toca continuar por mi cuenta con los aprendizajes adquiridos durante este año. Esta semana ya he comenzado un nuevo hito físico para llegar al estreno con el objetivo que me fijé hace año y medio.
Entiendo esa preparación como parte de El Diablo Cojuelo. Mientras construyo sus figuras y sus mecanismos, sigo trabajando con el cuerpo con el que tendré que ponerlo todo en movimiento.
Lo que esta semana me está enseñando
Cuando digo «queda más de un mes», estoy mirando una distancia en el calendario. Cuando descuento funciones, desplazamientos, preparación de la presentación y otras responsabilidades, encuentro las jornadas reales de laboratorio.
Y dentro de esas jornadas también tengo que encontrar tiempo para las pruebas, las piezas que se rompen y los intentos que necesito repetir. Estoy construyendo algo cuyo proceso todavía me obliga a descubrir soluciones. Eso también me lleva tiempo, aunque me resulte difícil calcularlo de antemano.
Esta semana estoy aprendiendo que necesito dejar espacio en el plan para aprender mientras trabajo. Si lleno cada jornada esperando que todo salga a la primera, con cualquier dificultad dejo una tarea atrasada y siento más presión sobre el día siguiente.
Con el entrenamiento tengo una referencia cercana. Después de doce meses puedo reconocer resultados que al principio me parecían impensables. En el taller, en cambio, a veces miro tanto lo pendiente que me cuesta reconocer lo conseguido.
Quiero aprender a mirar mi trabajo con esa misma perspectiva.
Mi reflexión para el camino
Yo también termino algunas semanas con la sensación de haber trabajado mucho y avanzado poco.
Antes de exigirme más, me sirve detenerme a revisar tres cosas: cuánto tiempo tenía realmente, qué he conseguido y qué he aprendido que me facilitará el siguiente paso.
Estoy intentando hacerlo en estos ratos del domingo, mientras Luz conduce. Reconocer los avances y revisar lo que no está funcionando me ayuda a entender mejor por dónde continuar.
Y compartirlo aquí me permite abrir un poco la puerta del laboratorio y sentir que hay alguien al otro lado. 🤪
José Diego Ramírez
A la Sombrita

Mi diario de creación de El Diablo Cojuelo – Teatro de Sombras
En el Diario de creación de El Diablo Cojuelo comparto el proceso del espectáculo con el que celebramos los 25 años de A la Sombrita.
En la entrega anterior, «Darle una vuelta más», escribí sobre los detalles y el momento de cerrar una tarea. Esta semana sigo aprendiendo a encontrar ese equilibrio.
También puedo avisar de cada nueva entrada del diario por correo. Recibo las peticiones en info@alasombrita.com.









Fotógrafo: Mohammed Al Fahel © Syria Trust for Development, 2016
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