📖 Diario de creación #14: Cada centímetro cuenta

Esta semana el taller se ha quedado en Écija y nosotros hemos salido de gira. Hemos seguido llevando nuestros espectáculos de un lugar a otro, mientras El Diablo Cojuelo nos acompañaba entre viajes, repasos de texto e ideas para los cuadros que todavía necesitan encontrar su forma.

Antes de salir dejé terminada una parte importante de esta producción: las plantillas para elaborar todos los decorados, con sus correspondientes distorsiones. Ya puedo producir cada uno de ellos. Aunque todavía quedan decisiones sobre la composición de algunos cuadros, dispongo de las referencias necesarias para construir sus elementos.

Detrás de esas plantillas hay un trabajo que no siempre se aprecia en la imagen final: pensar cómo debe ser una pieza para que su sombra tenga la forma que buscamos. Porque una cosa es cómo se ve un decorado sobre la mesa y otra cómo aparece en la pantalla. Entre ambas imágenes intervienen la posición de la luz, las distancias y los ángulos. Esa relación está ocupando buena parte de mi atención en esta etapa.

La forma se termina en la pantalla

Cuando dibujamos un decorado, tendemos a imaginar que su silueta se proyectará conservando las proporciones del dibujo. Pero, si la luz llega desde un ángulo oblicuo o la pieza se sitúa inclinada respecto a la superficie de proyección, la imagen cambia. Una forma que sobre la mesa parece correcta puede alargarse, ensancharse o perder el encaje que necesitábamos.

Para compensarlo, algunos elementos deben construirse con una distorsión previa. Esto significa aceptar que la pieza física puede resultar extraña cuando la miramos fuera de su posición. Su forma responde a unas condiciones de proyección concretas y encuentra su proporción al recibir la luz.

Las pruebas con la Casa de los Locos, en el Tranco 5, nos han permitido trabajar esa relación entre el pequeño decorado desplegable y su proyección sobre las telas.

Hay algo muy sugerente en esa manera de trabajar: el decorado se diseña a través de la relación entre un objeto y su sombra. La pantalla pasa a formar parte del proceso de construcción. Es allí donde podemos comprobar si una línea ocupa el lugar adecuado, si una silueta se reconoce y si los distintos elementos componen la imagen que queremos contar.

Para quien se acerca al teatro de sombras, esta puede ser una experiencia reveladora. Recortar una figura es solo una parte del trabajo. Después hay que descubrir qué sucede al iluminarla y situarla en el espacio. La misma pieza puede ofrecer resultados diferentes, y aprender a observar esas diferencias permite tomar decisiones con mayor intención.

Cada centímetro y cada grado cuentan

Tener las plantillas terminadas abre la posibilidad de producir los decorados, pero necesito verificar las medidas con los elementos definitivos colocados. María está acabando los faroles, las cajas y los muebles; este miércoles 7 de octubre está prevista la entrega y podremos probarlos.

Ese encuentro entre las piezas construidas y la luz será un paso decisivo. Hasta ahora hemos ido preparando elementos que deben funcionar juntos. Al reunirlos podremos comprobar sus relaciones y fijar las referencias sobre las que continuará la construcción.

Cada centímetro y cada grado de ángulo cuentan porque una pequeña variación puede cambiar la proyección. Si desplazamos una luz, inclinamos un decorado o modificamos su distancia a la pantalla, también podemos alterar el tamaño de la sombra y su posición respecto a las demás. Cuando una imagen se compone de varias piezas, esas diferencias afectan al conjunto.

Esto obliga a pensar la escenografía como un sistema de relaciones. No basta con que cada elemento esté bien construido por separado: también necesita ocupar el lugar desde el que cumple su función. Una plantilla corregida responde a una posición determinada. Si esa posición cambia después, puede ser necesario revisar la corrección.

Por eso quiero instalar los elementos definitivos de las cajas y las luces antes de seguir produciendo todo. Verificar ahora esas medidas me permitirá avanzar con unas referencias más firmes y evitar que una modificación posterior obligue a rehacer las proyecciones.

Construir también es preparar la manipulación

Al volver quiero inventariar todos los pop-ups que voy a utilizar. Ese trabajo permitirá que María construya los libros que contendrán los decorados, sabiendo qué debe alojar cada uno y cómo se organizarán sus elementos.

El inventario parece, a primera vista, una tarea de orden. Sin embargo, también exige revisar las necesidades de cada escena. Un decorado debe desplegarse, mantenerse en su posición y poder recogerse dentro del desarrollo del espectáculo. Su construcción está ligada al movimiento.

Aquí se encuentran dos trabajos: el de quien fabrica el objeto y el de quien lo utilizará en escena. Para que María pueda construir esos libros, necesito traducir las necesidades de la representación en indicaciones concretas. Las pruebas que hagamos juntos servirán para comprobar cómo se comportan las piezas cuando pasan del plano a las manos.

En un trabajo unipersonal, esa relación merece especial atención. Mientras cuento la historia, tendré que manipular los elementos y hacer las transiciones. Por eso, además de comprobar la imagen proyectada, necesito verificar cómo llego a cada objeto, cómo lo coloco y qué movimiento requiere.

La precisión técnica tiene aquí un propósito escénico: preparar unas condiciones que me permitan atender al relato. Cuanto más resueltas estén esas relaciones, más espacio habrá durante la representación para escuchar el ritmo de una escena, sostener una pausa o dar intención a un gesto.

Pensar la escena lejos del taller

Durante estos días de gira he podido repasar textos y pensar en algunos decorados de los cuadros que aún no tengo claros. Fuera del laboratorio, el trabajo adopta otro ritmo. No puedo colocar una pieza y comprobar inmediatamente su sombra, pero sí volver sobre la historia e imaginar qué necesita cada momento.

Repasar el texto también ayuda a pensar el espacio. Las palabras dan pistas sobre dónde debe dirigirse la atención y qué imagen puede acompañarlas. Una escena puede necesitar un decorado más definido; otra, quizá, deba dejar espacio al personaje o al movimiento de una sombra. Son decisiones que conviene seguir pensando antes de llenar cada cuadro de elementos.

El contacto con María ha mantenido presente la parte material de la producción. Mientras nosotros viajamos, ella continúa acabando piezas que pronto podremos incorporar. La vuelta al taller será el momento de reunir ese trabajo con las plantillas y comprobar cómo encaja todo.

Preparar el lugar de cada sombra

En el diario anterior hablaba de enseñar a moverse a una sombra. Esta semana estoy preparando las condiciones desde las que podrá hacerlo: las posiciones, las distancias y los objetos que sostendrán cada imagen.

Todavía quedan cuadros por resolver y mucho por construir. Pero las plantillas terminadas permiten pasar a una etapa más concreta. El siguiente paso será inventariar, instalar, medir y probar; convertir las referencias previstas en posiciones verificadas.

Esta fase recuerda algo esencial del teatro de sombras: la imagen depende tanto de lo que construimos como de la manera en que lo iluminamos y lo situamos. Trabajar con esa relación permite comprender por qué una pieza funciona y cómo podemos repetir su efecto en escena.

Seguimos dando forma a El Diablo Cojuelo, entre los viajes y el taller, entre el texto y los materiales. Para levantar los tejados de esta historia, primero hay que saber exactamente dónde colocar la luz.

José Diego Ramírez · A la Sombrita
25 años de sombras con luz propia

Diario de creación de El Diablo Cojuelo – Teatro de Sombras.

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